lunes, 30 de marzo de 2009

Cifra aérea



















Buitre leonado
Monte Oroel (HU)
28/03/09
Archivo Fran Ferrer

viernes, 27 de marzo de 2009

Valéry/Guillén


He reencontrado Algunos poemas de Paul Valéry, una edición bilingüe aparecida en 1972 en la colección Ocnos con traducción y epílogo de Jorge Guillén. Entre otros textos del autor francés, Guillén traduce el impresionante Cimetière marin que contiene tres de los mejores sintagmas de la historia de la literatura:

‘La mer, la mer, toujours recommencée!’
‘Les cris aigus des filles chatouillées,’
‘Le vrai rongeur, le ver irréfutable’

Cuestión aparte es la versión que la helada pluma del poeta vallisoletano pueda dar, por ejemplo, de la segunda de las citas. El erotismo vivificador que todos desearíamos obtener cosquilleando chiquillas gritadoras junto al mar latino se resuelve en un opaco ‘Gritos entre cosquillas de muchachas’. Sin embargo Valery dirá, en una carta dirigida a Guillén el 22 de julio de 1929, que en la traducción de su Cimetière, “está seguro de que música y transposición son perfectas” aunque reconoce, en otra carta, que el idioma español lo percibe “desde el italiano, el idioma de su madre”.




Fogonazo

No la vi llegar. Apareció de golpe. La melena y la risa, un traje chaqueta negro ceñido al talle que yo tanto amaba, un colgante rozando su pequeño vientre, y su presencia arrolladora. Dijo algo así como “aquí me tienes” y el Callejón del Deán donde se producía el encuentro pareció temblar desde la profundidad de los pasadizos que unían la Catedral con los Palacios de Hielo. De apellido Liest, o quizá Miest, una fórmula ridícula para cualquier otro ser que no fuera ella. ¡Cuánto la quería! Me empujó divertida contra el muro de la Torre de la Cárcel sin saber que al simular ayudarme casi muero de placer. Pasé la mano derecha bajo el jersey de algodón y su carne tibia palpitaba ya a la altura del páncreas. Subimos al 4x4 y en la tercera curva del zigzag de la finca Larbesa, en un campo yermo, abrí con los guantes la bolsa de plástico para verter, sin tocar, los dos barbos muertos. ¿Era tarde para que acudieran? No, ¡qué va!, bajaron tres cuervos y cuatro milanos. Observábamos las aves. Abracé a Tiest por la espalda con mis brazos morenos cerrados sobre sus pechos de ángel mientras ávido besaba su cuello impecable: “sabrás si una mujer es limpia cuando le veas la nuca” sentenció Carmen Labori sentada en el porche de la casa de veraneo de la calle Buena Suerte del pueblo barcelonés de Sardañola allá en el 57’ ante un sobrino Juan de tendencias adelantadas.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Autores franceses 2

GUI II, châtelain de Coucy. Trouvère du XIIe siècle. Sa vie se confond avec une légende, celle du mari trompé qui tue l’amant de sa femme et fait manger à celle-ci le cœur de son rival. Les chansons courtoises que nous possédons de lui sont en tout cas d’un art très sûr et d’une pénétrante mélancolie.

martes, 24 de marzo de 2009

Autores franceses 1

GUÉRIN (Charles-Louis-Joseph-Augustin). Poète, né à Lunéville (Meurthe-et-Moselle) (1873-1907). Composa ses premiers sonnets à seize ans. Influencé par les poètes symbolistes, il publia ensuite: L'Agonie du Soleil (1894) et Le Sang des crépuscules (1895). Il mourut usé par la phtisie.

viernes, 20 de marzo de 2009

Topografía

La distancia ornitológica, o mejor, ornítica, es la que permite ver
aves en vuelo incluso sin el auxilio de aparatos ópticos.
Esa es la distancia no conseguida en los modernos viajes,
cuando la sucesión de fotogramas que aparece tras el cristal
nos muestra una realidad siempre apartada e inalcanzable,
y la que se describe en el poema “La ciudad alejada”:
‘Y al otro lado, sobre el cantil que limita la margen derecha,
colgada, desmoronada sobre el vacío, descubro una ciudad apiñada,
incorporada a la textura y color de lo que la rodea,
desprovista de luz y quizá de aves,
tal es la lejanía que no permitiría apreciarlas’.





















El primer perfil constituye el límite de la distancia ornítica.
El segundo, y no digamos el tercero, no permiten observación alguna.

martes, 17 de marzo de 2009

Un vendedor





De regreso a casa, tras una visita relámpago a Estambul, me desvié unos quilómetros para visitar a mi amigo Jaime Enrique Ollé Goig que sigue de médico en Yibuti. Me llevó a recorrer su particular Macondo y un pastor de dromedarios y cabras pretendió endilgarnos un huevo de avestruz; yo le eché en cara su falta de sensibilidad ambiental y Jaime le diagnosticó una enfermedad pulmonar irreversible.

sábado, 14 de marzo de 2009

Percance

Cenaba Marian de Anguita en amigable compañía en el restaurante Grimaldos de la Plaza Mayor de la ciudad de Jaca cuando el camarero jamaicano que retiraba presuroso los servicios dejó caer, involuntariamente, una valva de mejillón miniatura por el escote de quien hasta ese momento él había considerado una niña -“¿la niña tomará postre?”- y que al constatar el volumen y firmeza de sus senos pasó a denominar 'madam' –“disculpe madam mi torpeza”-. En la vida, pequeños accidentes que no parecen revestir mayor importancia, nos abren, a veces, los ojos, y nos conducen irremediablemente a paraísos fiscales y camas de matrimonio: Marian voló el jueves a Kingston donde en las próximas semanas celebrará su enlace con Alexander Farineli, alcanzará varios clímax gloriosos y será progresivamente desvalijada de sus bienes económicos por mor de algunas inversiones de nulo o bajo riesgo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Humedad intensa

Vuelvo a Estambul. Mañana. Después de treinta años. Como anticipo recibo, de mi amiga rastreadora Milagros Palma, una lacerante fotografía: la testa romana verdosa que hace de basa en una columna de la cisterna bizantina cercana a Topkapi. No sé si la cruel jaqueca que me aflige tras contemplar la imagen procede del aplastamiento secular de esa cabeza o del desconcierto que provocan su colocación no derecha y el violento pastiche del ensamble.





















Fue feliz

Nunca necesitó viajar.
Nunca necesitó expresarse en una lengua que no fuera la suya.

martes, 10 de marzo de 2009

Luminiscencia

Es sabido que el fenómeno de la luminiscencia se da en
los poetas. Un pasaje de la ponencia que Ferrer Lerín
leyó en el Congreso de los Novísimos celebrado en 2002
en Zaragoza se refiere a ello, y él mismo es sorprendido
en plena emisión gracias a una reciente fotografía,
tomada durante una tormenta, que capta el destello
del ojo pineal.


"El Sabio, por ejemplo, lograba corregir los malos hábitos
de los espectadores de las salas cinematográficas intensificando
su habitual luminiscencia epidérmica. Recuerdo la proyección
de L'Avventura en el cine Atenas de la calle Balmes de Barcelona,
el año 63, en el ciclo Antonioni, cuando una pareja de novios
empezó a toser de modo despiadado: nadie rechistaba,
en parte porque era un filme con subtítulos,
pero mi grado de incomodidad llegó hasta tal extremo
que alargando el brazo rocé su hombro con la punta de mis dedos
-siempre dejábamos una butaca libre entre los dos- y la señal,
de modo instantáneo, produjo en el cuerpo del superdotado
un destello de luz tan poderoso que los dos enfermos
-sentados en la fila anterior- quedaron petrificados y,
desde luego, curados de la tisis aguda neumónica
que les afectaba desde hacía meses.”












sábado, 7 de marzo de 2009

Comparativa

Cuenta Flores Lucrecio, en su Diacrítica, el caso del factor de una estación de tren altoaragonesa que, desde los treinta años, anduvo vigilante inspeccionando su orina a ver si amanecía cargada de sangre. Ya en la senectud, cuando las bromas del tipo “ya no te la ves” o “ya no te la encuentras” son de uso frecuente y la posibilidad de otear el chorro son realmente escasas, salió un día de los urinarios del casino sin tener conciencia de que llevaba los pantalones decorados con unos goterones rojos: según Flores de ahí le vino el mote “calzones coloraos” que aún acompaña a sus nietos. Digo esto al hilo del fallecimiento, en esa misma localidad, del poeta Casimiro Martínez de quien el practicante Mambrún iba contando que disponía de tal utillaje que a la hora de miccionar, y esto lo pude constatar en una ocasión, debía mantenerse apartado de la taza ya que si no, chocaba frontalmente con la pared (parece que un día en que alguien trajo de Francia una revista Paris Hollywood no se le bajaba al vate la erección y al querer aliviarse hubo de hacerlo desde el pasillo de acceso a los retretes).

miércoles, 4 de marzo de 2009

Textos anónimos 11

Para evitar ser ejecutado en la horca, un vaquero acuerda un matrimonio de conveniencia con una joven pelirroja de carácter difícil e independiente. Tras la ceremonia, la chica, que se dedica a comerciar con pieles, no quiere saber nada de su marido, pero éste no dejará de insinuarse ante ella hasta conseguir su objetivo.