miércoles, 1 de noviembre de 2017

Saturno

Sus cartas, padre, me llegaban un par de veces cada año. Yo estaba lejos, en la universidad, pero usted estaba aún más lejos de mí. Al inicio, ingenuo, yo abría el sobre con una emoción contenida. Y siempre, sin falta, hallaba un papel doblado en tres. Un solo papel con el membrete de su empresa. Mal doblado, por prisa, supongo. Buscando sus palabras, padre, necesitándolas, lo desdoblaba con ansia. Y como una hoja seca hamaqueándose en la brisa, lento, el cheque caía hacia el suelo. Yo lo dejaba allí, casi olvidado, pues lo que realmente me interesaba no era su dinero, padre, sino sus palabras. Ingenuo, buscaba sus palabras. Y en medio del papel, escrito en tinta negra, encontraba yo siempre lo mismo: su nombre. Nada más. Sólo su nombre, firmado con prisa. Una palabra. Sólo una palabra. El padre es un nombre.     

Saturno, Eduardo Halfon
Jekyll & Jill, Zaragoza, 2017

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Constelaciones Familiares.

Anónimo dijo...

Seco, cortante Halfón

Anónimo dijo...

Según, según...

Xavi dijo...

El típico padre desconocedor del precio del afecto, parece.

Anónimo dijo...

Por fortuna continúan existiendo opiniones disonantes entre sí. Los dioses nos las preserven.

Anónimo dijo...

Padre nuestro que estás en el suelo...

Anónimo dijo...

¿Tintes kafkianos?

Anónimo dijo...

Ya lo dijo Picasso: Los grandes copian, los genios roban.

Anónimo dijo...

Cierto (pese a la parataxis).